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miércoles, 29 de abril de 2009

Los monstruos salvan la Tierra y las taquillas de los cines

Hace ya un tiempo que nuestros antepasados huían despavoridos ante la pantalla de un cine, creyendo que el tren traspasaría el lienzo y los arrasaría. Y sin embargo, esa concepción del cine permanece aún hoy día.




Para los que no hayan visto la película 'Monstruos contra alienígenas', cabe hacer una breve advertencia, y es que es una película para niños. Eso no es un defecto, pero quien vaya al cine buscando una trama más adulta o más sutil, al estilo de Wall·E, no encontrará lo que esperaba. Monstruos es un filme clásico de animación al estilo más convencional y cuenta con el gran defecto en nuestro país de una lamentable labor de doblaje en el caso del personaje principal (que le debemos a Carolina Cerezuela), pero incorpora sin embargo algo que se ha apuntado ya como el futuro del cine en 3D.

Hasta ahora, muchas de las películas que se habían rodado en tres dimensiones habían explotado hasta la saciedad los recursos que esta tecnología les brindaba. En Beowulf, en los conciertos en 3D de U2, Jonas Brothers o Miles Cyrus, en Viaje al centro de la Tierra y en todas esas últimas películas que se han anunciado como la panacea para los propietarios de salas de cine, había un exceso de escenas que no aportaban nada a la película pero que estaban ahí para demostrar lo chula y lo molona que es la nueva tecnología en 3D y lo bien invertidos que han estado sus 9 euros de la entrada.



El gran logro de 'Monstruos contra alienígenas', sin embargo, es que se ha hecho una película de animación divertida y amena, y además se ha hecho en 3D. Es decir, se ha pensado la película en el orden correcto y sus escenas no se dedican a una repetición infame de objetos que vuelan hacia el público para que éste se recoja un poco en su butaca. El 3D es un recurso más para que la película sea más vistosa y queda integrado para lograr que una persecución por un San Francisco abandonado resulte más espectacular o para que Insectosaurio parezca aún más grande. El 3D es un atractivo más, pero no el centro de la idea.

Por ahí van los tiros para el futuro. Las majors americanas están produciendo títulos tan ambiciosos como Avatar (James Cameron) en 3D y allí el parque de salas está tan desarrollado que resultarán rentables. Por estos lares vamos un paso por detrás, solamente hay salas preparadas en las grandes ciudades y la mayoría de las copias que llegan son en dos dimensiones. Pero ya se está comenzando a invertir para que haya cada día más. El precio de la entrada y la exclusividad frente a la piratería y frente a los exhibidores cinematográficos que pierdan comba justifican el desembolso. De momento, en España la peli ha recaudado casi nueve millones de euros, de los que más de un tercio han venido de las pocas copias en 3D que se han distribuido en nuestro país. El fin de semana de su estreno, cada copia en tres dimensiones consiguió un rendimiento de más de 9.000 euros. Ahí es ná.

viernes, 27 de marzo de 2009

Fábrica de sueños


Ilya Ehrenburg escribió en 1931 un libro llamado 'La fábrica de sueños'. El título de este libro se popularizó después como forma edulcorada y ñoña de referirse a Hollywood, traicionando en gran medida la intención del autor y, finalmente, quedó tan sólo la expresión y fue olvidada la obra que la dio origen.

Ehrenburg, un judío de origen ruso, estudioso y meticuloso ensayista, sorprende por su sinceridad en el libro, que se dedica a desgajar las miserias ocultas tras la época dorada de los grandes estudios de cine norteamericanos. Y es que abarca temas tan variados que van desde el paso al cine sonoro a las formas en las que los estudios manejaban la imagen de sus estrellas. Y el autor, en lugar de encerrarse en su torre de marfil, se dedica a desmenuzar incluso las entrevistas a las starlettes. Es como si un crítico sesudo (pongamos por caso Torres-Dulce) reconociera sin remilgos que sabe de la vida y milagros de una pseudo-actriz (pongamos por caso Mar Saura) y no sintiese la necesidad de justificar que está al cabo de la calle de esas pequeñeces.

Para aquellos a quienes les guste hurgar en todo lo que hay detrás de las cámaras, La fábrica de sueños es un libro imprescindible, como tantas cosas que ya se han olvidado a estas alturas. Resulta, en todo caso, bastante desalentador el comprobar que en casi ochenta años muchas cosas no han cambiado. Si alguien tiene el impulso de acudir a una librería a buscarlo es posible que no lo encuentre tan fácilmente. La última edición de la que yo tengo noticia es del año pasado y la editorial responsable es Melusina.

sábado, 14 de marzo de 2009

Cine en catalán, según y cómo señores, según y cómo

Vale. Yo me quedo en hablar de cine y no de política si la política no busca hablar del cine. La Generalitat de Cataluña ha dado los primeros pasos para promulgar una ley del cine en la que hay dos medidas estrella. Una sería obligar a las distribuidoras a doblar o subtitular un porcentaje de sus películas al catalán. Otra sería crear una red de salas de carácter público para proyectar cine en catalán. Esta segunda propuesta, quizá con un poco de mala baba, se ha interpretado como una competencia a los circuitos de salas privadas cuando en realidad se basaría en acuerdos con salas comerciales y en cines de pueblo de titularidad a cargo de algunos ayuntamientos.

No voy a entrar en este blog en los objetivos que mueven estas propuestas sino en si realmente son beneficiosas o no para el cine catalán. Y la respuesta tiene que ser obligatoriamente ambigua: depende. Si la medida se queda en el subtitulado de copias en digital y en la promoción del cine digital como un método de distribución más barato puede que sea un estímulo para su modernización. El problema que veo de fondo es que estas medidas se lleven a sus máximos exponentes y se quiera obligar a los distribuidores a doblar al catalán y a los exhibidores a proyectar los filmes en catalán.

Con “Vicky Cristina Barcelona” de Woody Allen ya se hizo un experimento similar. Mediapro, como una de las productoras de la cinta, impulsó que un buen número de copias se proyectase en catalán pero los resultados no fueron, ni mucho menos, los esperados. Se distribuyeron en la comunidad autónoma 47 copias en catalán y 5 en castellano para su fin de semana de estreno. Las copias en castellano recaudaron una media de 33.000 euros cada una. Las copias en versión original en inglés, 9.400 euros. Las copias en catalán, una media de 7.000 euros. Si se busca por apostar en contra de las decisiones del público, vamos mal.

Por otro lado, los distribuidores cinematográficos agrupados en Fedicine ya han amagado con boicotear la medida. No llegará la sangre al río, está claro. Cataluña es un mercado interesante y la provincia de Barcelona, especialmente, está muy poblada. Las grandes superproducciones norteamericanas seguirán siendo rentables. Pero… ¿y las no tan grandes? ¿Qué sucede si una distribuidora se encuentra con la decisión de doblar una película para después mantener 15 copias durante un par de semanas en la comunidad? Pues que quizá no se llegue a distribuir en Cataluña y a otra cosa, mariposa. Pudiera ser que la medida refuerce precisamente lo que pretende combatir: la elevadísima cuota de mercado que tienen las majors como Disney, como Warner o como Sony, frente a las pequeñas producciones europeas.

domingo, 8 de marzo de 2009

FESTIVAL TEASERLAND






Cómo me gusta el séptimo arte y todo lo que está relacionado con él. Un par de horas, a veces alguna más, para perderte en la vida o historia de otro, para morirte de risa o de miedo, o simplemente para desconectar. Apreciar las dotes artísticas de éste o aquél director, enbriagarte con una prodigiosa actuación; pero reconozcámoslo, muchas veces al salir de la sala de proyección te das cuenta de que has perdido seis o incluso siete euros y que de lo que más has disfrutado ha sido de los trailers...

¿Os acordáis? Cuando Internet todavía no nos había facilitado el consumo de películas "piratas", nos reuníamos toda la familia al rededor de la tele, porque habíamos alquilado una peli. No se a vosotros, pero lo que más me gustaba eran los primeros cinco o diez minutos en los que las productoras y distribuidoras te anunciaban las películas que preparaban o que podías alquilar también. Hacer un buen trailer no es fácil. Es la carta de presentación para que una producción sea o no un gran éxito. Se abre el apetito del espectador.

Hoy podemos ver festivales de cine, de cortometrajes, de spots publicitarios, de música, de fotografía... y también de trailers. El próximo martes los cines Golem Alphaville acogerán una muestra muy especial. El primer festival internacional de trailers falsos, Teaserland. Se trata de los trailers ficticios de unas películas que no existen, ni lo harán y que concurren a un concurso en el que se premia la mayor creatividad. Los veinte finalistas y el ganador, a los que se ha votado por internet, se conocerán el día 10.

miércoles, 11 de febrero de 2009

El cine, las ayudas y el cultivo de cereales

Antes de nada, una aclaración previa: no busque nadie en esta reflexión animadversión alguna por el cine español ni por las personas que lo dan vida. El cine español está escorado hacia una tendencia política, pero ese hecho no es (en mi opinión) motivo suficiente para vilipendiarlo ni para celebrar sus derrotas como si fueran triunfos, no se sabe bien de quién.

Hecha esta aclaración, vamos al lío: el cine español, en su mayoría, está abocado al fracaso. ¿Por qué? Pues por la misma razón que la agricultura no funciona en Europa. Parecería que una cosa y otra no tienen demasiado que ver y, sin embargo, sí lo tienen. Quien sea de campo sabrá que hace ya mucho que los agricultores españoles (los de toda Europa) ya no deciden qué cultivar en función de lo que creen que podrán vender. Lo deciden en función de la PAC (Política Agraria Común) y el dato que es verdaderamente decisivo es qué cultivos recibirán ayudas de la Unión Europea. Como nadie parece preocuparse de qué productos pueden necesitarse, los tomates, el lino o el trigo a veces se pudren en la era antes de llegar a ser consumidos.

Pues con el cine pasa un poco lo mismo, fíjate. El productor-agricultor cinematográfico, cuando decide apostar por una película, no piensa en primer lugar en si el proyecto merece la pena, en si atraerá al público o en si logrará recaudar el dinero necesario para justificar la inversión realizada. No. En lo que piensa es en si ese proyecto puede obtener ayudas (del ICAA, de las comunidades autónomas, de la institución que sea) y esas ayudas justifican buena parte de la inversión antes de llevarla a cabo.

Así, los directores noveles consiguen sacar adelante sus dos primeras películas ¿pero quién apostará por ellos después? Así, los largometrajes con un presupuesto que ronde el millón de euros pueden tener fácil salida ¿pero quién se va a molestar en producir una película más cara? Eso, señores, es perder dinero. Las ayudas tienen un límite. Si haces cuatro películas, las conseguirás cuatro veces. Si haces un filme cuatro veces más caro, solamente las conseguirás una vez. La cosa está clara.

Nos estamos echando la tierra encima a nosotros mismos porque hemos perdido de vista los gustos de a quienes tenemos que conquistar. Con lograr que la película llegue a las salas el ciclo del filme parece ya cumplido.

Y después a otra cosa, mariposa.