Ehrenburg, un judío de origen ruso, estudioso y meticuloso ensayista, sorprende por su sinceridad en el libro, que se dedica a desgajar las miserias ocultas tras la época dorada de los grandes estudios de cine norteamericanos. Y es que abarca temas tan variados que van desde el paso al cine sonoro a las formas en las que los estudios manejaban la imagen de sus estrellas. Y el autor, en lugar de encerrarse en su torre de marfil, se dedica a desmenuzar incluso las entrevistas a las starlettes. Es como si un crítico sesudo (pongamos por caso Torres-Dulce) reconociera sin remilgos que sabe de la vida y milagros de una pseudo-actriz (pongamos por caso Mar Saura) y no sintiese la necesidad de justificar que está al cabo de la calle de esas pequeñeces.
Para aquellos a quienes les guste hurgar en todo lo que hay detrás de las cámaras, La fábrica de sueños es un libro imprescindible, como tantas cosas que ya se han olvidado a estas alturas. Resulta, en todo caso, bastante desalentador el comprobar que en casi ochenta años muchas cosas no han cambiado. Si alguien tiene el impulso de acudir a una librería a buscarlo es posible que no lo encuentre tan fácilmente. La última edición de la que yo tengo noticia es del año pasado y la editorial responsable es Melusina.











